Novia Real
María
María y Carlos se casaron en el País Vasco, cerca de Navidad. Su vestido columna llevaba mangas de bambula plisada desmontables y una capa de terciopelo de seda convertible: con cola para la entrada a la basílica y corta para abrigarse durante toda la celebración.
Bambula plisada en las mangas, desmontables.
El vestido parte de una columna de líneas limpias, a la que se suman unas mangas de bambula plisada —un tejido finísimo, plegado en pliegues menudos que atrapan la luz— que arrancan de un escote en barca y se prolongan hasta la espalda, abierta en un pico delicado. Las mangas son desmontables: permiten llevar el vestido cubierto en la ceremonia o dejar los hombros al aire después. El plisado de la bambula es un trabajo lento y artesanal, de los que solo se entienden de cerca, y aporta a una pieza por lo demás sobria su único y delicado relieve.


Una capa de terciopelo de seda, convertible.
La pieza que define el invierno de María es la capa, confeccionada en terciopelo de seda y pensada para transformarse a lo largo del día. Para la entrada a la basílica se llevó con cola, desplegándose tras ella sobre la piedra. Después, la misma capa se convirtió en una versión corta, que le permitió cubrirse y mantenerse abrigada durante toda la celebración sin renunciar a la elegancia. Una sola pieza, dos formas, resuelta con la precisión de la alta costura.

El País Vasco, cerca de Navidad.
María y Carlos se casaron en el País Vasco en los días previos a la Navidad. La piedra de la basílica, la luz corta del invierno y el coche clásico a la salida pusieron el marco de una boda clásica y cálida. El ramo de flores secas en tonos teja completó una imagen muy de la estación. Todo el vestido —las mangas que se quitan, la capa que cambia de forma— estaba pensado para acompañar a María en cada momento del día, del frío de la basílica al calor de la fiesta.
